Recinto Chigüilpe · Santo Domingo de los Tsáchilas · Ecuador

Familia
Rovalino Guevara

Cinco raíces, una montaña bajada y catorce hectáreas que todavía nos nombran.

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Desciende

Las cinco raíces

Ninguna sangre llegó sola.

Este apellido se armó con pedazos de cinco lugares. Unos vinieron cruzando el mar, otros cruzando la cordillera, y uno ya estaba aquí mucho antes que todos.

Chile

El sur largo y angosto, donde el apellido aprendió a aguantar el frío y a no quejarse.

Cono Sur

Argentina

La llanura ancha, la mesa larga y la costumbre de que siempre cabe uno más.

Cono Sur

España

El idioma en que rezamos y discutimos, y los nombres de pila que seguimos repitiendo.

Península

Tsáchila

La raíz que no llegó: ya estaba. El achiote, el monte y el nombre mismo de Chigüilpe.

Pueblo originario

Ecuador

La tierra que por fin se dejó sembrar, y donde la búsqueda se detuvo para siempre.

Casa

El descenso

Bajaron de la montaña y se quedaron.

Antes de Chigüilpe hubo camino. Hubo tierras lejanas buscadas una tras otra, preguntadas, caminadas y dejadas atrás porque ninguna terminaba de ser la buena. Hubo una montaña. Y hubo, al final, un descenso.

Jesús Salomón Rovalino y Susana Ernestina Guevara bajaron con poco: una pareja muy humilde, sin más capital que las manos y la terquedad de seguir buscando. Abajo los esperaba el trópico húmedo de Santo Domingo, el monte cerrado, la tierra negra que no se le niega a nadie que la trabaje.

Allí pararon. No porque el camino se acabara, sino porque por primera vez no hizo falta seguir. Lo que encontraron no fue una fortuna: fue un lugar donde valía la pena cansarse. Desbrozaron, sembraron y levantaron casa.

Después de tanto buscar lejos, la tierra estaba abajo.

De esa casa salió todo lo demás. Los hijos, los nietos, los que se quedaron a trabajar la finca y los que se volvieron a ir — porque irse lejos también es herencia de esta familia. Pero todos, hasta hoy, saben decir de dónde son.

Este sitio existe para que eso no se pierda. Para que el nombre del recinto, los nombres de los dos que bajaron y el número exacto de hectáreas queden escritos en algún lugar que no dependa de la memoria de nadie.

La tierra

De setenta y tantas, quedan catorce.

Lo que fue de la familia Lo que sigue siendo
70+ Hectáreas al principio

La finca original en el recinto Chigüilpe pasaba de setenta hectáreas: monte abierto a machete, sembrado a pulso y sostenido durante décadas.

14 Hectáreas hoy

Lo demás se repartió, se vendió, se heredó y se fue soltando pedazo a pedazo, como pasa con casi toda tierra vieja. Lo que queda no es poco: catorce hectáreas todavía dan de comer, y todavía llevan el apellido.

Los que bajaron

Una pareja, y de ahí todos nosotros.

Fundador

Jesús Salomón Rovalino

El que buscó. Caminó tierras lejanas antes de aceptar que la suya estaba abajo, en el monte caliente de Santo Domingo. Trabajó la finca cuando la finca todavía era selva.

Fundadora

Susana Ernestina Guevara

La que sostuvo. Hizo casa donde solo había campamento y convirtió un pedazo de recinto en un lugar al que se vuelve. De ella viene la mitad del nombre y buena parte del carácter.

El lugar

Chigüilpe.

Uno de los siete recintos del pueblo Tsáchila, en Santo Domingo. El nombre es anterior a nosotros y seguirá siendo anterior a quien venga. Nosotros solo vivimos aquí.

Archivo vivo

Esta página va a seguir creciendo.

Faltan las fotos, los nombres de los hijos y los nietos, las fechas y las historias que todavía están en la cabeza de alguien. Todo eso va a entrar aquí. Por ahora queda lo esencial: de dónde venimos y dónde paramos.