Chile
El sur largo y angosto, donde el apellido aprendió a aguantar el frío y a no quejarse.
Cono SurRecinto Chigüilpe · Santo Domingo de los Tsáchilas · Ecuador
Cinco raíces, una montaña bajada y catorce hectáreas que todavía nos nombran.
Las cinco raíces
Este apellido se armó con pedazos de cinco lugares. Unos vinieron cruzando el mar, otros cruzando la cordillera, y uno ya estaba aquí mucho antes que todos.
El sur largo y angosto, donde el apellido aprendió a aguantar el frío y a no quejarse.
Cono SurLa llanura ancha, la mesa larga y la costumbre de que siempre cabe uno más.
Cono SurEl idioma en que rezamos y discutimos, y los nombres de pila que seguimos repitiendo.
PenínsulaLa raíz que no llegó: ya estaba. El achiote, el monte y el nombre mismo de Chigüilpe.
Pueblo originarioLa tierra que por fin se dejó sembrar, y donde la búsqueda se detuvo para siempre.
CasaEl descenso
Antes de Chigüilpe hubo camino. Hubo tierras lejanas buscadas una tras otra, preguntadas, caminadas y dejadas atrás porque ninguna terminaba de ser la buena. Hubo una montaña. Y hubo, al final, un descenso.
Jesús Salomón Rovalino y Susana Ernestina Guevara bajaron con poco: una pareja muy humilde, sin más capital que las manos y la terquedad de seguir buscando. Abajo los esperaba el trópico húmedo de Santo Domingo, el monte cerrado, la tierra negra que no se le niega a nadie que la trabaje.
Allí pararon. No porque el camino se acabara, sino porque por primera vez no hizo falta seguir. Lo que encontraron no fue una fortuna: fue un lugar donde valía la pena cansarse. Desbrozaron, sembraron y levantaron casa.
Después de tanto buscar lejos, la tierra estaba abajo.
De esa casa salió todo lo demás. Los hijos, los nietos, los que se quedaron a trabajar la finca y los que se volvieron a ir — porque irse lejos también es herencia de esta familia. Pero todos, hasta hoy, saben decir de dónde son.
Este sitio existe para que eso no se pierda. Para que el nombre del recinto, los nombres de los dos que bajaron y el número exacto de hectáreas queden escritos en algún lugar que no dependa de la memoria de nadie.
La tierra
La finca original en el recinto Chigüilpe pasaba de setenta hectáreas: monte abierto a machete, sembrado a pulso y sostenido durante décadas.
Lo demás se repartió, se vendió, se heredó y se fue soltando pedazo a pedazo, como pasa con casi toda tierra vieja. Lo que queda no es poco: catorce hectáreas todavía dan de comer, y todavía llevan el apellido.
Los que bajaron
Fundador
El que buscó. Caminó tierras lejanas antes de aceptar que la suya estaba abajo, en el monte caliente de Santo Domingo. Trabajó la finca cuando la finca todavía era selva.
Fundadora
La que sostuvo. Hizo casa donde solo había campamento y convirtió un pedazo de recinto en un lugar al que se vuelve. De ella viene la mitad del nombre y buena parte del carácter.
El lugar
Uno de los siete recintos del pueblo Tsáchila, en Santo Domingo. El nombre es anterior a nosotros y seguirá siendo anterior a quien venga. Nosotros solo vivimos aquí.
Archivo vivo
Faltan las fotos, los nombres de los hijos y los nietos, las fechas y las historias que todavía están en la cabeza de alguien. Todo eso va a entrar aquí. Por ahora queda lo esencial: de dónde venimos y dónde paramos.